Domingo 17 de diciembre de 2017
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INTERNACIONAL | 2.17.2017

La sordera de Trump

Ignorando el apoyo de amplios sectores estadounidenses al acercamiento entre Estados Unidos y Cuba, el presidente norteamericano ha decidido volver a las viejas políticas contra la isla. Ahora, ha denunciado supuestos “ataques sónicos” en La Habana contra sus diplomáticos, que resultan ser espías de la CIA.

Las relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos, restablecidas el 17 de diciembre de 2014, luego de 54 años del quiebre formal entre ambos países, están pasando hoy una prueba de fuego.

Con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, EE.UU. ha decidido volver a la línea dura en cuanto a su política hacia Cuba, lo que significa un “retroceso en las relaciones bilaterales y socava las bases establecidas hace dos años para avanzar en una relación de nuevo tipo entre nuestros países, en la que prime el respeto, el respeto y la igualdad”, como afirmó el canciller cubano, Bruno Rodríguez, en su último discurso en la ONU.

El gobierno estadounidense ha decidido endurecer el bloqueo, imponiendo nuevos obstáculos a las limitadas posibilidades que tenía su empresariado para comerciar e invertir en la isla y restricciones adicionales a sus ciudadanos para viajar a Cuba, ignorando el apoyo de amplios sectores estadounidenses, incluyendo la mayoría de la emigración cubana, y decide satisfacer los intereses de un grupo de origen cubano del sur de Florida, cada vez más aislado y minoritario, que insiste en dañar a Cuba, aseguró.

En la primera intervención del presidente norteamericano ante la ONU, un discurso en el que puso a Cuba en la lista de sus peores enemigos, hizo referencia a los supuestos incidentes que habrían causado pérdida auditiva y otros daños a la salud de diplomáticos estadounidenses en La Habana, sobre los que todavía no existe ninguna evidencia ni explicación creíble.

No obstante, el 29 de septiembre el gobierno de Estados Unidos anunció en un comunicado que reduciría su presencia diplomática en La Habana a más de la mitad, suspendiendo las operaciones rutinarias de visas, ofreciendo solamente servicios de emergencia a los ciudadanos estadounidenses y advirtiendo a los ciudadanos norteamericanos que no visitaran Cuba.

Unos días antes, en una reunión con el secretario de Estado, Rex Tillerson, el canciller cubano, Bruno Rodríguez, había manifestado “que sería lamentable que se politizara un asunto de esta naturaleza y que se tomen decisiones apresuradas y sin sustento en evidencias y resultados investigativos concluyentes”.

Sin embargo, los supuestos incidentes ahora son tratados como “ataques acústicos” provocados por el uso de sofisticadas “armas sónicas”.

El comunicado del gobierno de Estados Unidos manifiesta que, “hasta que el Gobierno de Cuba pueda garantizar la seguridad de nuestros diplomáticos en Cuba, nuestra embajada será reducida a personal de emergencia para minimizar el número de funcionarios expuestos al riesgo”.

Luego de ser conocida la decisión de Washington, la directora general para Estados Unidos, del Ministerio de elaciones Exteriores de Cuba (Minrex), Josefina Vidal Ferreiro dijo a la prensa que “la decisión anunciada por el Departamento de Estado es precipitada y va a afectar las relaciones bilaterales, en particular, la cooperación en temas de interés mutuo y los intercambios de diversa naturaleza entre ambos países”.

Vidal enfatizó que “el Gobierno de Cuba no tiene responsabilidad alguna en los alegados hechos y cumple seria y rigurosamente sus obligaciones con la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas de 1961, en lo que respecta a la protección de la integridad de los agentes diplomáticos acreditados en el país y sus familiares, sin excepción”.

Además, reiteró “la voluntad de Cuba a continuar una cooperación activa entre las autoridades de los dos países, para el esclarecimiento pleno de estos hechos, para lo cual será esencial un involucramiento más eficiente de EE.UU.”.

Hoy, la agencia estadounidense AP publicó un dato que puede aclarar más el objetivo de la puesta en escena: los ataques contra el personal estadounidense en La Habana “afectaron al corazón de la red de espionaje de Washington en Cuba”.

“No fue sino hasta que los espías estadounidenses que trabajaban bajo cobertura diplomática reportaron oír extraños sonidos y sufrir efectos físicos que Estados Unidos detectó que algo iba mal, dijeron personas familiarizadas con la situación”, dice la nota.

Ahora está la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA) en el centro del llamado Maine acústico, en referencia al acorazado que explotó en La Habana el 15 de febrero de 1898, y sirvió de pretexto para la intervención de Estados Unidos en la guerra de independencia de Cuba, que luego devino en invasión militar.